14 julio 2009

Crisis de Originalidad

Si existe un factor en el entorno que me parece extraordinario, a nivel social, es la artificiosidad con que se viste la gente en la actualidad. Sí, uno se enviste de un personaje, cada día de su vida, y no sólo se trata de un traje de un único color, sino que al igual que con las prendas de vestir, hay una para cada ocasión.
Esto para nada es malo, es bastante justificable desde el punto que el aspecto exterior (cónstese que incluyo lenguaje verbal, no verbal, costumbrismo, etcétera) forma parte de la personalidad de cada uno, y como somos seres sociales, tendemos a la cohesión social, a formar e integrar grupos. Por lo general, esto no estaría mal, sino que sería útil y hasta necesario en la formación de la personalidad de la gente.
Ahora bien, si tomamos como base que hay una gravísima crisis de autoestima entre la gente, A más B tiene como resultado el desastre. Los sujetos quedan expuestos a la necesidad imperiosa de formar parte de grupos para sentirse involucrados de alguna manera en el mundo que los rodea. Y puesto que la tendencia indica que todo debe ser rápido, por lo general nadie piensa, medita, se detiene un segundo a pensar qué cuernos está haciendo y compra lo que el mercado le da, porque si hay algo fantástico del mundo es que para cada negocio hay un mercado. Y la apariencia y comportamiento no están excluidos.
Observemos de qué modo la originalidad, tanto en la forma de verse, de comportarse, de ser, está en crisis. Los adolescentes visten y desvisten tendencias en meses, y lo que es peor, esa horda de adolescentes de veinte, treinta, cuarenta y cincuenta años, no es muy distinta.
Hubiera esperado que esta lenta revolución de los modelos de vida existentes en Occidente permitieran la diversidad y la libertad. Pero por el contrario, cada vez es más evidente que la intolerancia y la violencia ganan los espacios que están entre las personas. Esto, tal como se ve en cada esquina que uno mire, evidencia la muerte del sueño de hace dos siglos atrás, la de un mundo de iguales.



Una graciosa historia al respecto la protagoniza hace mucho tiempo un conocido cantante y compositor de origen italiano. Luca Prodán había migrado al Abasto, lugar donde enseñaría lo más crudo de su ser.
Es 1985, Sumo se presenta en uno de los lugares que lo vio crecer: Café Einstein, propiedad de su amigo Chabán. Una horda de fanáticos se aglomera hasta no poder respirar en el club, vitoreando por la salida de sus ídolos, prestos a disfrutar de otra fiesta del rock que regala la banda. Camperas de cuero, cinturones con tachas, borcegos, remeras negras: todos tienen en común ello. Todos. Y tal como enseña la historia del ejército romano, nada entrega más pertenencia que un uniforme.
El ejército finalmente ve salir a sus profetas, y el desconcierto y las risas y la confusión gana la expresión de todas las caras envestidas en uniforme. Luca camina lentamente y enfrenta a la monada, únicamente provisto de un vestido cuadrillé rosado, un par de borcegos desgastados y su vaso corto de whisky.
Si hay algo que caracteriza a Prodán en esta, su tercera y última etapa, a nivel artístico, es que ya ha perdido los estribos y vomita verdades como un desquiciado. Termina su trago y grita a los espectadores, escupe furia y su hubiera podido, fuego con ello. Les grita que ve ejércitos de reprimidos en pensamiento y sentimiento, copias borrosas de algo que ven y quieren ser. Levanta el borde del vestido sin pudor y grita que aún con un vestido, él es un genio, mientras que los ellos no alcanzan a ser personas, porque no se atreven a ser ellos mismos. Dicen que sólo los locos y los borrachos dicen la verdad, y quién más loco y borracho que el pelado.
“Fuck you!”, y comienza el show.

La Rubia Tarada

Caras conchetas, miradas berretas
y hombres encajados en Fiorucci.
Oigo "dame" y "quiero" y "no te metas"
"Te gustó el nuevo Bertolucci?".

La rubia tarada, bronceada, aburrida,
me dice "Por qué te pelaste?"
Y yo "Por el asco que dá tu sociedad.
Por el pelo de hoy ¿cuánto gastaste?"

Un pseudo punkito, con el acento finito
quiere hacer el chico malo.
Tuerce la boca, se arregla el pelito,
se toma un trago y vuelve a Belgrano.

Basta! Me voy, rumbo a la puerta
y después al boliche a la esquina
a tomar una ginebra con gente despierta.
Esta sí que es Argentina!


Aloha!


PD: El espectáculo terminó con violencia y detenidos. Eso es un show.
PD2: Recomiendo el disco Perdedores Hermosos, un discazo recopilatorio de cosas de cuando Prodán recién había llegado acá, y se había radicado en Córdoba.